Al Sol en Sample Gates

Septiembre 2015

Personas que sólo son gente
y hablan, hablan, hablan,
con sus voces y sus labios
deformando tus palabras.

Y tú, mientras tanto,
esperas al sol, cansada,
a que el letrero del bus indique
cuál es el camino adecuado.

Mientras sus susurros,
sus implicaciones,
marcan el pulso del tiempo.

El tiempo, congelado,
a pesar de que no ha llegado el invierno.

a las 9 en Lennie’s

Septiembre 2015

Mientras que un mínimo de respeto
escapara de tus labios
cuando ilusamente intento
arreglar este fracaso.

Si al menos tu voz
no sonara tan desgastada
cuando trato de iluminar
tu mente oscura y apagada.

Y oírte reír con otras voces
mientras tu cuerpo me repele
cual pequeño saltamontes
escapando de las redes.

Que ni siquiera el silencio
cure nuestra alma
mientras lo intento, lo intento,
y lo intento,
y tú como si nada.

Desde dentro

Septiembre 2015

Si las emociones están en el pecho,
si los sentimientos nacen del corazón,
¿por qué es mi estómago el que se encoge
cada vez que ignoras mi atención?

Como el acero de Bécquer,
oxidado en mis entrañas,
y el tic azul que sugiere
que, en realidad, ya no me amas.

Como los atardeceres fríos,
sin acompañante,
y los duetos perdidos
de antiguos amantes.

Mi estómago tenso,
queriendo salírseme por la boca
para no soportar esto.

Invierno, fragmento

Febrero 2015

Cae la nieve,
¡mira cómo está cayendo!
Con sus copos desperdigados,
azotados por el viento.

Se buscan a tientas,
se abrazan, en un intento
de no sentirse solos
entre tanto desaliento.

“Vuelve, no te caigas”
parece que gritan desde lejos.
Y cuando los sientes en tu cara
se mezclan el frío y tu calor en un momento.

Uno a uno, todo blanco,
entierran a todos
– incluso a tus miedos,
que se queda tranquilos,
medio congelados,
mientras esperas a que pase el invierno.

El consumismo en las relaciones personales

Agosto 2015

¿Se ha roto? ¡Busca otro nuevo!
Cuando se empiecen a agrietar
su risa y sus sueños,
cuando la mirada desgastada
te aburra y te quite tiempo.

¡Pues busca otro nuevo!

Que también quiera bailar,
que beba hasta la saciedad,
no tiene que ser mejor,
sólo requerir menos dedicación.
Busca otra nueva que
te llene el corazón,
ése que tanto he cuidado
porque te quiero,
te quiero,
y te quiero…
a pesar de tu traición.

“Aquellos ojos míos de 2016”

Junio 2015

Lorca

Aquellos ojos míos de 2016
no verán tus suspiros
ni recordarán el motivo
de este traspiés.

Aquellos ojos míos de 2016
no reconocerán el camino
de tus manos por
mi pecho encogido
cuando nada estaba bien.

– tic tac, again –

Estos ojos míos en 2016
permanecerán dormidos
pues ya no tiene sentido
intentarlo otra vez.

Sin título

Que tenga la cabeza grande,
ojos desflorecidos,
sueños comprometidos
y pisadas de elefante.

Con los hombros ampliamente contraídos
por cajas sociales
y las plumas desgastadas
por el exilio y sus bailes.

Mueve su cabello a la derecha,
el sudor se condensa en las lámparas,
y el vaso ayuda a camuflar
el (d)olor de los momentos de confusión
que cada día se empeñan en llenar su hogar.

En la mañana, todo nublado,
el agua limpia la rutina que vuelve a comenzar.

Después

Junio 2015

Cuando conoces a alguien
sabes que puede no ser para siempre,
pero siempre lo intentas
aunque la incertidumbre duele.

Pasa al rojo, naranja;
ya no hay verde.
Las hojas secas en el suelo
yacen inertes.

Llegan los copos de cristal
que cubren la entrada,
tu coche y las ventanas.
Cuando huyes del frío
entre las sábanas.

Trasnochando, cada día
en un presente que nunca acaba.
La ansiedad que determina
lo encogida que está tu alma.

Después el silencio,
cual fantasma merodeando,
consume tu aliento.
Y tu risa.
Y tu llanto.

Y cuando por fin llegan
no son más que palabras en blanco,
pues sabes que tu vida
se consumió en este paso.

2 meses, 3 días, un rato.

Sale el sol, pero no en tus ojos;
pantallas numeradas
los tiñen de rojo.

Esperas, cansada, a que el tiempo
arregle este destrozo,
con su oro frío, sus tardes danzadas,
el campus vacío, un reloj roto.

Pero ahora él quiere estar solo.

En la lavandería

Septiembre 2015

Casi un año.
Y te espero entre rugidos
con ojos lastimosos
tras cristales cansados.

Unas horas, casi un año.
Y tú conduciendo,
siempre, siempre huyendo
de mi corazón destrozado.

Roto, arrugado,
con el hierro frío bien clavado.
Y sin voces amigas
que disfruten del espectáculo.

Que llega a su clímax
después de casi un año.